Fiel a su estilo, la compañía Mar Gómez vuelve a bailar para narrar una historia. Y lo hace por medio de esos recursos que ya le son propios y que forman parte de su sello de identidad: el gesto, el movimiento, el tratamiento descriptivo de la música, y, sobre todo, su característico sentido del humor, con el que acostumbra a saber extraer una sonrisa hasta incluso de donde se puede llegar a pensar que sólo hay lugar para el llanto.
Ambientada en algún lugar de Norte América en los años cuarenta, la historia que se narra en “Aquí amanece de noche” parte de la coincidencia de cinco personajes en un modesto motel de carretera: la patrona del negocio, el eterno inquilino, una joven emprendedora y una pareja recién llegada.
Bastará el paso del tiempo para que todos acaben por compartir mucho más que un mismo lugar donde pasar la noche. Una noche que logrará envolver en su halo de misterio todos los encuentros y desencuentros de estos personajes y que propiciará la revelación del lado más contradictorio de todos ellos. Una noche que allí, además, esconderá algo más inesperado que la predecible siniestra oscuridad, que la romántica luz blanquecina de la luna o que el sonido inquietante de las aves nocturnas.
En un motel de carretera la vida tiende a moverse en el terreno de lo transitorio: nada es para siempre. Los personajes de esta historia intentarán aprovechar esa circunstancia para dar un vuelco a sus vidas, sabiendo que siempre es más fácil modificar la dirección de un camino cuando se está fuera de él que cuando se avanza entre sus márgenes.
Ese encuentro múltiple se escenificará delante de las cuatro puertas amarillentas tras las que se esconde (aunque a veces no del todo) la intimidad de los inquilinos. Las luces que se escapen de sus apartamentos irán a parar a un largo porche. Y allí, acunado por el vaivén de una mecedora, cualquiera podrá adormecerse observando plácidamente los restos de chatarra acumulados entre las difusas líneas del aparcamiento contiguo.
Es allá donde se encuentra el coche de la propietaria: un auto viejo y destartalado al que le faltan ruedas y puertas. Pero no el brillo de su capó rojo recién pintado, ni la potencia de sus faros: ya se encarga ella tozudamente de procurar que algún día ese trasto pueda llevarla a algún sitio, lejos de allí.
En esta historia se ofrece una mirada humorística a ese riesgo implícito que conlleva el cruce transitorio de la vida de la gente, especialmente de aquella que aparca, en principio por poco tiempo, su confortable y predecible cotidianeidad. Todo ello aderezado por una situación extraordinaria que, si no fuera por su inevitable comicidad, sería también inevitablemente trágica.
Espacio: Sala
Duración: 60
Dirección artística: Mar Gómez
Dirección coreográfica: Xavier Martínez
Coreografía : colectiva
Intérpretes: Verónica Cendoya, Xaro Campo, Ricard Fernàndez, Sonia González/Viviane Calvitti, Xavier Martínez.
Maestros de baile: Ingve Groven, Jordi Ros
Música: autores varios
Diseño escenografía: Joan Jorba
Construcción escenografía: Jorba-Miró scp
Atrezzo: Joan Jorba
Diseño vestuario: Mariel Soria
Confección vestuario: Encarna García
Diseño iluminación: Sandra Caballero
Técnico iluminación: Sandra Caballero
Diseño sonoro: Mar Gómez / Xavier Martínez
Sonorización: Josep Puigdollers
Maquinaria: Jordi Berch
Video: Tanios films
Fotografía y diseño: Óscar De Paz
Producción: Cía. De danza Mar Gómez, Agnès Palet